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| Carlos Fonseca Teran, son till den legendariske FSLN-grundaren Carlos Fonseca Amador intervjuas av Dick Emanuelsson 2019 i Managua, Nicaragua. |
Den väpnade kampen återigen på dagordningen i Latinamerika
efter statskuppen i Bolivia
Av Dick Emanuelsson
TEGUCIGALPA / 2019-11-11 / Statskuppen
i Bolivia och sju USA-dirigerade statskupper mot folkvalda regeringar under det
senaste decenniet i Latinamerika, öppnar för nya kampformer, inklusive den
väpnade för att försvara regeringarna, skriver Carlos Fonseca Teran, vice
ordförande i FSLN:s internationella sekretariat.
Fonseca konstaterar att Honduras
var det första offret där president Manuel Zelaya störtades i en USA-dirigerad
statskupp med Hillary Clinton i kulisserna.
Därefter följde Paraguay och
Brasil. Innan dess hade de försökt förgäves i Venezuela medan de lyckades i
Ecuador genom det falskspel Lenin Moreno, Rafael Correas vicepresident, spelade
bakom ryggen på den man som i princip var garanten för Morenos valseger som
förvandlades till ett flagrant förräderi mot både Correa och Ecuadors folk.
I Bolivia försökte de
genomföra en liknande kupp 2008 som igår blev verklighet.
I Nicaragua försökte samma
politiska krafter att störta sandinistregeringen mellan april-juli förra året
men misslyckades.
Av sex länder där vänstern
och de progressiva demokratiska krafterna har förlorat regeringsmakten de
senaste åren har det bara varit i två val, Argentina och El Salvador. I de fyra
andra länderna har det varit genom statskupper eller direkt lurendrejeri, som i
fallet Ecuador. Nu läggs till den listan också Bolivia, understryker Fonseca.
HAN SAMMANFATTAR och
drar slutsatsen, att inför Imperiets strategi om att krossa demokratin måste
den revolutionära rörelsen på kontinenten oundvikligen se den väpnade kampen
som ett möjligt scenario. Men med tillägget att denna väg kan komma att bli
mycket mer effektiv än på 1960-talet när det efter Kuba, där revolutionärerna
erövrade makten via denna kampform, var det Nicaragua sm bröt kedjan av
USA-stödda latinamerikanska militärdiktaturer.
För nu talar vi om en väpnad kamp
som kan komma ha en folklig välorganiserad rörelse som borgar för att det inte
skulle råda en överhängande fara för att dessa nya väpnade stridskämpar skulle
isoleras politiskt som skedde under 60-talet, med Colombia som undantag.
– Men, vi hoppas att denna kampform inte ska vara vägen som
det schizofrena Imperiet tvingar oss att träda in på. För kampen för fred är en
av de viktigaste uppgifterna för den revolutionära kampen. Den revolutionära kampen själv är den främsta kampformen för
kampen för fred, sammanfattar Fonseca i denna utomordentliga analys av
statskupperna det senaste decenniet och slutsatserna om framtidens uppgifter
efter mordet på den demokratiska processen i Bolivia.
Använd med fördel
översättningsappen.
Bogota,
2019-11-11
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Después del golpe de estado en Bolivia:
“La lucha armada nuevamente un escenario”
El Imperio ha planeado y dirigido
siete golpes de estado en la más reciente década en Latinoamérica, cuatro de
ellos han tenido éxito.
El dirigente sandinista Carlos
Fonseca advierte, en la siguiente crónica, que el imperialismo esquizofrénico
provoca los movimientos revolucionarios a calcular las posibilidades que el
camino de la lucha armada nuevamente es un escenario en el continente.
D.E.
SEGUIREMOS VENCIENDO.
- Carlos Fonseca Terán.
Desde
el derrocamiento de Mel Zelaya en Honduras, los golpes de Estado han vuelto a
ser la principal forma de llegar al poder para los grupos políticos al servicio
de los intereses del imperialismo norteamericano en América Latina y el Caribe.
Después siguieron Paraguay y Brasil. Ya antes del golpe en Honduras lo habían
intentado en Venezuela y lo intentaron después en Ecuador estando Correa de
Presidente, una primera vez en Bolivia hace unos años, y por último en
Nicaragua, el año pasado. De seis países en los que la izquierda ha perdido el
gobierno en años recientes, sólo en dos (Argentina y El Salvador) ha sido por
elecciones. En los otros cuatro fue por golpes de Estado o por malversación de
la voluntad popular (es el caso de Ecuador, donde el pueblo votó por un
candidato que luego puso en práctica el programa de las fuerzas contrarias).
Ahora se suma Bolivia, con un golpe de Estado militar, casi al mejor estilo de
los viejos golpes de la época de las dictaduras militares impuestas por Estados
Unidos y que en algunos casos llegaron gobernando hasta los años ochenta. De
cívico es lo que menos tiene, porque las acciones principales fueron (y siguen
siendo) los actos violentos de vandalismo y agresiones a partidarios del
gobierno de Evo Morales, tan sorprendentemente parecidos a los llevados a cabo
en Nicaragua el año pasado.
Ni
siquiera la derecha golpista pudo negar que Evo obtuvo muchos más votos que el
candidato de la derecha, ni que el partido de Evo, el MAS, ganó por amplio
margen las elecciones legislativas. Lo único que alegaban, por un asunto de
decimales, era que la diferencia no le permitía a Evo ganar en primera vuelta,
a pesar de que los resultados indicaban que sí. El argumento era que en
determinado momento no llegaba al porcentaje requerido y luego sí, lo que sin
embargo es claramente explicable por el hecho de que faltaban los votos del
área rural, donde todo el mundo sabe que Evo tiene aplastante mayoría. En las
más recientes elecciones en Honduras no fueron decimales ni fue para definir si
el que quedó de Presidente ganaba en primera vuelta, sino que fueron varios
puntos porcentuales de ventaja, pero a favor del candidato opositor, los que desaparecieron
repentinamente, invirtiéndose el resultado a favor del otro, lo que ocasionó un
repudio generalizado y expresado en movilizaciones masivas, pero nada pasó,
porque el resultado cuestionado favorecía al candidato de Estados Unidos y la
OEA.
Ante
los absurdos señalamientos de fraude por parte de la oposición en Bolivia, que
no presentó prueba alguna de sustento, Evo pidió la auditoría electoral a la
OEA, a sabiendas de la parcialización de ésta en su contra, pero la oposición
golpista no aceptó la auditoría, que de todas maneras le favoreció, ante lo
cual Evo, acatando el resultado de esa falsa auditoría, llamó a nuevas
elecciones en las que él mismo se autoexcluía de participar, pero la oposición
golpista tampoco aceptó. Entonces, y luego de que días antes la Policía se
insubordinara al Gobierno, el Jefe del Ejército pidió la renuncia a Evo, quien
finalmente renunció, que era la demanda de la oposición golpista para cesar los
ataques a los simpatizantes del gobierno; pero los ataques han continuado.
Además, la ex Presidenta del Tribunal Electoral, María Eugenia Choque, ha sido
detenida, y a estas alturas ya hay decenas de asilados políticos en la embajada
de México en La Paz, que ya está siendo asediada por las enloquecidas hordas
golpistas, al igual que la de Cuba, mientras la embajada de Venezuela ha sido
tomada.
Nadie
sabe en qué parará esto. Ni siquiera se sabe el rumbo institucional que tomarán
los acontecimientos, porque todos los integrantes de la línea sucesoria
prevista en la Constitución en caso de renuncia del Presidente, han renunciado
también. Se menciona incluso la posibilidad de que el Jefe del Ejército, un
regordete blanco y racista, asuma la Presidencia, en lo que sería la cereza del
pastel golpista en el país latinoamericano con la mayor cantidad de golpes de
Estado en su historia. Es de esperarse que las autoridades golpistas
(cualesquiera que éstas sean) convoquen a nuevas elecciones para legitimar el
golpe; elecciones en las que todas las fuerzas políticas (entre ellas el MAS,
dirigido por Evo) eventualmente estarían llamadas a participar, a no ser que el
golpismo prefiera ilegalizar al MAS, renunciando ya casi a toda apariencia
democrática. Sin embargo, en todo caso, en una nuevas elecciones presidenciales
el MAS tendría que contemplar incluso la posibilidad de ni siquiera participar
para evitar que su participación sea tomada como legitimación del golpe, y
también debido a la descomunal desventaja que constituye el chantaje golpista
de que si volviera a ganar el partido de Evo, la violencia continuaría (muy
parecido a lo que sucedió en Nicaragua en 1990); todo esto además de la
evidente falta de garantías ante seguras agresiones contra sus candidatos. Por
otra parte, aunque ni siquiera la oposición golpista pudo cuestionar que el MAS
obtuviera la mayoría en el poder legislativo, es prácticamente seguro que
también se repetirán las elecciones a este poder del Estado, pero ya sin
mayores perspectivas para la izquierda, por las condiciones ya señaladas.
En
total, desde el derrocamiento de Mel Zelaya en Honduras, ha habido en América
Latina siete golpes de Estado organizados por el imperialismo norteamericano,
de los cuales cuatro han tenido éxito logrando derrocar gobiernos de izquierda
democráticamente electos por el pueblo (en Honduras, Paraguay, Brasil y ahora,
Bolivia), y tres han sido fallidos (Venezuela en varias ocasiones, Ecuador en
tiempos de Correa y Nicaragua el año pasado). De todos ellos, este golpe de
Estado en Bolivia es el más infame y descarado. Pero el respaldo popular que
tiene el proyecto revolucionario que encabeza Evo Morales, es una entre varias
razones que ya señalaremos, para considerar estos sucesos como el preámbulo de
lo que será el inicio de una nueva etapa victoriosa en la lucha revolucionaria
del pueblo de Bolivia por sus justas reivindicaciones históricas; por la
justicia social, la soberanía, la dignidad y la paz.
La
Revolución Cubana fue el inicio de la lucha armada de liberación nacional en la
época de las dictaduras militares de derecha impuestas por el imperialismo en
América Latina y Caribeña, cuando los triunfos electorales de la izquierda eran
aplastados de inmediato, como había sucedido ya en Guatemala con el
derrocamiento de Jacobo Arbenz, y como sucedió luego en República Dominicana
con Juan Bosch y en Chile con Allende. La Revolución Sandinista desencadenó la
caída de las dictaduras y la Revolución Bolivariana impulsó la ocupación del
gobierno por las fuerzas de izquierda, luego de intensas jornadas de luchas
populares en todo el continente. De modo pues, que esta no es la América Latina
donde los gorilas golpistas hacían lo que querían sin ninguna consecuencia
inmediata. Este continente ya despertó, el nivel de conciencia es mucho mayor,
la capacidad de organización y movilización del movimiento popular es muchísimo
más grande que la de esos tiempos, cuando sólo brillaba como un faro solitario
la Cuba revolucionaria. Hoy tenemos un liderazgo político y social
desarrollado, con gran capacidad de acción y con vocación de poder; una Cuba
socialista consolidada, una Venezuela Bolivariana en resistencia, una Nicaragua
sandinista en pie de lucha. En estos tres bastiones del movimiento
revolucionario continental las fuerzas armadas poseen profunda vocación
patriótica al haber surgido de los procesos de lucha revolucionaria en cada uno
de estos tres países, a diferencia de Bolivia, país donde la presencia de esas
fuerzas armadas entreguistas fue siempre un punto de débil en comparación con
los otros tres donde al igual que en Bolivia, los procesos de cambio social han
tenido un carácter revolucionario.
Pero
además de eso, este mismo año en México llegó al gobierno una formidable fuerza
de izquierda con un liderazgo sólido y un consistente programa de
transformación social profunda, mientras en Argentina volverán al gobierno las
fuerzas populares, luego de ganar las recientes elecciones presidenciales, y en
Uruguay la izquierda quedó en primer lugar en la primera vuelta electoral, con
posibilidades de triunfo en la segunda. En Chile, Ecuador y Honduras hay todo
un movimiento popular en pie de lucha, y en estos dos últimos hay fuerzas
políticas de izquierda cuyo regreso al poder es sólo cuestión de tiempo (y de
poco tiempo), al igual que en Brasil, con Lula libre y en ofensiva política,
mientras en el caso de Chile la articulación de una fuerza política que exprese
el sentir de la actual lucha popular contra el neoliberalismo es más que
probable, con un pueblo cuya tradición de lucha revolucionaria es de las más
grandes en nuestro continente.
En
Bolivia la derecha golpista está cayendo en su propia trampa, imposibilitada
siquiera de poner un disfraz institucional al golpe de Estado (a diferencia de
lo que ocurrió en Honduras, Paraguay y Brasil), lo que permitirá un rápido
aislamiento político del régimen dictatorial que pretenda imponerse;
aislamiento no necesariamente entre los gobiernos, pero sí entre los pueblos,
cuyos movimientos populares y fuerzas de izquierda serán gobierno en poco
tiempo, y cuyos gobiernos surgidos de la lucha popular y revolucionaria se consolidan
a pesar de los ataques desesperados de un imperio decadente que no podrá con la
formidable capacidad de lucha demostrada por el pueblo boliviano y su líder
indiscutible, el Presidente legítimo Evo Morales, ejemplo de dignidad para todo
nuestro continente en lucha por su segunda y definitiva independencia. Y nadie
mejor que nosotros los sandinistas para estar seguros del destino victorioso de
la lucha del pueblo boliviano, con la amplia experiencia que tenemos de
transformar derrotas en victorias, lo que nos ha permitido tener el honor de
ser una de las fuerzas revolucionarias más victoriosas de la historia.
Finalmente,
hay algo en lo que debemos ser absolutamente claros, y es que frente a la
estrategia imperial de renuncia a la democracia, se plantea inevitablemente
ante el movimiento revolucionario en nuestro continente, como un posible
escenario, otra vez, la lucha armada, sólo que ahora, de plantearnos ese
camino, esa lucha sería mucho más efectiva que en los años sesenta y setenta
(cuando después de Cuba, sólo hubo un país en el que los revolucionarios
conquistaron el poder mediante esa forma de lucha, que fue Nicaragua), porque
ahora estaríamos hablando de una lucha armada que tendría como respaldo un
movimiento popular bien organizado y movilizado, de manera que no habría
peligro de aislamiento para los nuevos combatientes armados de la revolución
continental. Sin embargo, esperamos que no sea este el camino al cual nos
obligue la esquizofrenia imperial, pues la lucha por la paz es una de las más
importantes luchas revolucionarias, pero por encima de eso, la lucha
revolucionaria misma es la más importante forma de lucha por la paz.
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