
Unga fascister från extremhögerns centrum, staden Santa Cruz.
Bolivia:
Oppositionen utlyser en protest på obestämd tid från 10 oktober för att med
alla slags medel förhindra presidentvalet!
AV DICK EMANUELSSON
TEGUCIGALPA /
2019-09-17 / Det beslutet fattade oppositionen förra veckan i samband med att
den gick till våldsamt angrepp mot två valkampanjs/partihögkvarter för
regeringspartiet MAS (Movimiento al Socialism) som förstördes i staden Santa
Cruz, centrum för den bolivianska högern och direkta paramilitära
fascistgrupper.
Kampanjen
för att stoppa valet, som alla vet kommer att vinnas av den sittande
presidenten Evo Morales som har ett resultatsaldo som imponerar, iscensattes
redan den 11 december 2018 i Santa Cruz. Då attackerade extremhögern och
”Regimförändringsaktivisterna” den Centrala Valtribunalen vars lokaler slogs
sönder, datorer och servrar förstördes och därefter attackerade denna fascistiska
hord det statliga Telia ENTEL:s lokaler.
Fyra
USAID-rådgivare
Nu har
kupphögern fått blodad tand genom bränderna i delar av Amazonasregionen i
Bolivia vars skuld läggs direkt på president Evo Morales. Till sin hjälp, som
direkt språkrör och politisk fiende till MAS-regeringen, står Jhanisse Vaca Daza, en ung kvinna från
Santa Cruz med en ”grön” fasad.
I
likhet med flera av de tongivande nicaraguanska
regeringsförändringsaktivisterna är även denna unga kvinna ”fortbildad” i USA.
Där sattes hon på skolbänken i psykologisk krigföring i Gene Sharps Manual om
”regimförändring”.
Tillbaka
i Santa Cruz ”fick aktivisten rådgivning av fyra representanter som skickades till
Bolivia av USAID. Under två veckor i Bolivia använder hon nu sig av hashtag #SOSBolivia för att framkalla
kommentarer av oppositionella bolivianer och inte ett så litet antal
vänsteraktivister i världen”, skriver Hugo
Moldiz Mercado, en boliviansk politisk analytiker som nyligen besökte
Honduras, inbjuden av vänsterpartiet Libertad y Refundacion, Libre i samband
med tioårsminnet av den USA-stödda militära statskuppen i Honduras den 28 juni
2009.
Hashtag
i Bolivia och Nicaragua
I
nästan alla ”Orange Revolutioner” skapar dessa regimförändrare sin egna hashtag.
I fallet Jhanisse Vaca Daza heter
den #SOSBolivia. I Nicaragua heter den #SOSNicaragua. De är mycket lika varandra, använder samma groteska
propaganda och Fakenews för att framställa respektive regering som pervers,
diktatorisk, miljö- och kvinnofientlig och allt det som kan framkalla negativa
känslor hos i första hand den yngre generationen, som i Bolivia kan komma att
bli avgörande i valet den 20 oktober.
Och
oppositionen hotar med våld, inte bara för att den utlyst en protest på
obestämd tid den 10 oktober utan för att omöjliggöra ett genomförande av det
bolivianska folkets demokratiska rättighet; att få rösta i fred den 20 oktober
2019.
Aviserar
våldsamheter
I
den oppositionella portalen ”Pagina
Siete” publicerade detta medium den 14 september följande:
“Efter att sedan tre månader officiellt
ha utlyst de allmänna valen och 37 dagar innan valen, är det för första gången
möjligt att dessa blir suspenderade PÅ
ETT ELLER ANNAT SÄTT (SIC!). Våldet som utspelats i två regioner i landet,
resultat av politiska meningsskiljaktigheter är det främsta skälet” (till den
av oppositionen önskade suspenderingen).
Vad
vi med all säkerhet kommer att bli åskådare till dagarna fram till den 20
oktober, är våldsamheter från den opposition som först och främst vill skapa
det kaos den behöver för att stoppa valet och för det andra, skapa den
materiella och ideologiska basen för att därefter föreslå en övergångsregering,
en ny Central Valtribunal och att det ”Internationella Samfundet anländer till
Bolivia för att val i oppositionens och USA:s anda genomförs. Om inte, kommer oppositionen
fortsätta våldsamheterna för att störta regeringen Morales.
Nicaraguas
Manual och ”test” har kalkerats av extremhögern i Bolivia.
Oposición incendia la democracia en Bolivia
Por: Hugo Moldiz Mercado
Una combinación de discurso medioambientalista y la defensa del resultado del
referéndum del 21 de febrero de 2016, cuando se rechazó la propuesta de cambio
de un artículo de la Constitución, para habilitar a Evo Morales para las
elecciones de 2019, forma parte de la estrategia opositora para generar un
ambiente de convulsión social hacia el 20 de octubre.
El fragmentado y heterogéneo bloque opositor de derecha encuentra en su ataque,
cada vez más punzante y violento, a la democracia y a la institucionalidad del
Estado Plurinacional, el punto de convergencia de su abierta oposición a la
continuidad del Proceso de Cambio y del presidente Evo Morales.
Dos hechos de
envergadura, aparentemente desconectados, se han encargado de confirmar los
alcances de su estrategia general: los focos de incendio que afectan al bosque
seco de la Chiquitania y, por otra parte, la violencia física desatada por
destacamentos juveniles, cuasi paramilitares, contra militantes del MAS en la
ciudad oriental de Santa Cruz y la quema de una sede de campaña oficialista en
la subtropical parte sur de los Yungas de La Paz.
Los llamados
a que el gobierno decrete desastre nacional a partir de los hechos de la
Chiquitanía y la convocatoria a un paro indefinido a partir del 10 de octubre
para que los vocales del Tribunal Supremo Electoral (TSE) renuncien, son apenas
los pretextos o motivos aparentes para incendiar la democracia boliviana. La
causa principal es que Evo Morales está en camino a conquistar un nuevo periodo
de gobierno.
Los incendios
en la Chiquitania, que forma la zona de tránsito entre el Chaco y la Amazonía,
todavía no alcanzan a ser controlados a plenitud, a pesar de los esfuerzos
desplegados con recursos propios y con el apoyo de la comunidad internacional a
la que el gobierno no se ha negado nunca en la medida que sea canalizada a
través del Estado y en el marco del Acuerdo de París.
Dos factores
juegan en contra para aplacar el fuego: por un lado, la estructura seca del
suelo de esa región y los fuertes vientos. De cerca de 10 mil focos de incendio
en el peor momento, se bajaron a menos de mil hace una semana, pero el viento
volvió a reavivar muchos. Pero, por otro lado, algunos sicarios o militantes de
la extrema derecha, actuando sigilosamente bajo la forma de columna
guerrillera, son los responsables de reavivar el fuego en aquellos lugares
donde se estaba extinguiendo o bajando de intensidad, o iniciando nuevos focos
de incendios. Contra las causas naturales, se redoblan esfuerzos con grandes
aviones bomberos –de origen ruso y chino, así como el Supertanker contratado
por el gobierno-, el despliegue de más de 7 mil bomberos, militares y voluntarios
de distintas procedencias. Contra lo segundo, las acciones del Ministerio
Público han resultado insuficientes ante la falta de información contundente de
los aparatos de inteligencia. Lo cierto es que en esa amplia zona afectada la
gente sabe –unos como colaboradores de la derecha, otros como ciudadanos que
respaldan al gobierno-, que pequeños grupos siguen haciendo su trabajo para
provocar incendios.
El inicio y
la propagación del fuego con alta intensidad en esa región le ha caído a la
oposición como anillo al dedo. Con cierta habilidad se ha montado en el hecho
y, mientras sus fracciones más democráticas guardan silencio cómplice frente al
accionar de esos grupos incendiarios, lo que hace es colocar a “expertos”
medioambientalistas para instalar la idea de que Bolivia nunca había tenido en
su historia un gobierno tan depredador de la naturaleza como el de Evo Morales.
Los esfuerzos por posicionar esa matriz de opinión en el imaginario
colectivo urbano –muy sensible ante temas medioambientalistas independientemente
de su inclinación política-, parten de la realidad política de que el gobierno
de Evo Morales llegó al gobierno con la propuesta paradigmática de lograr un
equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero que fue –y ahí entra la
construcción ideológica y mediática de otra realidad por parte de los ideólogos
y operadores de la derecha-, el que más medidas adoptó para ampliar la frontera
agrícola y la “quema controlada” a costa de afectar parques naturales y áreas
forestales en general.
La derecha
tiene un ejército en función de la naturaleza del combate. Para su “cara verde”
tiene “activistas medioambientalistas” como, por ejemplo, Jhanisse Vaca Daza,
una joven cruceña que cursó estudios en Estados Unidos, recibió capacitación en
instituciones estadounidenses donde estuvieron otros jóvenes que tienen una
activa participación en la desestabilización de los gobiernos de Venezuela y
Nicaragua. La “activista”, que tuvo asesoramiento directo de cuatro personas
enviadas por la USAID durante dos semanas a Bolivia, emplea el hashtag
#SOSBolivia para generar comentarios de los opositores bolivianos y de no pocos
activistas de izquierda en el mundo.
Lo perverso
de este discurso –más por las redes sociales, pero también por los medios de
comunicación- es que manipula la subjetividad de la gente para atribuirle
al gobierno su directa responsabilidad en la quema de extensas zonas forestales
de la Chiquitanía con el solo objetivo de “entregar” esas tierras a campesinos
cocaleros y comunidades interculturales (antes conocidas como colonos) que
quieren, según ese relato, cambiar la vocación del uso del suelo. Poco ha
servido que Morales decretara “pausa ecológica” en esa región, lo que implica
la prohibición total de asentamientos humanos y/o emprendimiento de actividades
agrícolas. La derecha sigue usando los incendios en esa región para
descalificar al gobierno indígena.
Las
reacciones de odio y racismo provocadas por el discurso perverso de la
“invasión de indios kollas” a la Chiquitania se han traducido de inmediato en
reducidas marchas en algunas ciudades y en encendidas asambleas de comiteístas,
particularmente del Comité Pro Santa Cruz, famoso por haber liderado el intento
de golpe de Estado contra Evo Morales en 2008. Pero la expresión más alta de la
energía opositora se tradujo en la violenta movilización de grupos de jóvenes
de derecha que con bates en la mano procedieron a golpear a militantes del MAS
en la noche del jueves pasado, cuando llevaban adelante una campaña
proselitista en algunos puntos de la ciudad de Santa Cruz. Más de seis personas
en terapia intensiva y casi una docena de heridos de menor gravedad es el saldo
de la acción. Las imágenes de la conspiración de hoy son las mismas que las de
la desestabilización del primer periodo de gobierno de Morales, cuando se
agredía física y verbalmente a “los indios” del MAS.
La ecuación
protesta y violencia es la constante. Esta es la segunda vez que una
movilización opositora termina en altos grados de violencia. Una marcha
universitaria, el 11 de diciembre de 2018, quemó las instalaciones del Tribunal
Departamental Electoral (TDE) en Santa Cruz y asaltó las oficinas de la empresa
estatal de telecomunicaciones ENTEL. En la ciudad de La Paz, el acoso con
piedras y objetos contundentes a la sede del Tribunal Supremo Electoral (TSE)
también duró varias horas ese mismo día.
Sería un
error al estilo “bolsonaro” pensar que la derecha empezó deliberadamente con
los incendios en la Chiquitanía para oxigenar su discurso de cuestionamiento a
la postulación de Evo Morales para las elecciones generales del 20 de octubre,
pero hay algo incuestionable: la derecha –unas fracciones con medidas de hecho
y otras discursivamente-, si se montaron en el desastre ambiental y está
utilizando el supuesto “ecocidio” cometido por el gobierno del Proceso de
Cambio para reposicionar las banderas de la ilegalidad e ilegitimidad de la
presencia del binomio Evo Morales-Álvaro García Linera en la papeleta
electoral.
¿Cuáles son
los objetivos de esa articulación del bloque de derecha a partir de los
incendios en la Amazonía y la “defensa” de la democracia ante la dictadura del
ecocida Evo Morales?
Antes de
desarrollar esos objetivos, es bueno apuntar que la estrategia general de la
oposición en Bolivia es, desde el 21 de febrero de 2016, “derrocar al gobierno
de Evo Morales” por los medios que fueran necesarios. Las tácticas han oscilado
entre el recurrir a herramientas jurídico-constitucionales hasta alentar
medidas de hecho que en su mayor parte se expresaron en acciones de violencia,
pasando por pedir la intervención de Estados Unidos y de organismos
internacionales. Todavía queda fresca en la memoria las declaraciones de Carlos
Mesa y Jorge “Tuto” Quiroga al ministro relator de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH), Francisco José Eguiguren, cuando el 15 de agosto de
2018 le dijeron: “Entendemos (que se produce) una polarización por la
insistencia del Gobierno de no respetar el referendo del 21 de febrero, puede
generar tensiones que no deseamos”.
Para no
dispersar el objeto de nuestro análisis, agrupemos los objetivos de la
estrategia general en los siguientes:
En primer
lugar, generar un ambiente de convulsión social de alta intensidad que empañe y
deslegitime las elecciones del 20 de octubre que, si se mantiene la tendencia,
le daría a Evo Morales un cuarto período continuo de gobierno. Todas las
encuestas, incluso las realizadas por medios abiertamente opositores, muestran
a Morales liderando la preferencia electoral y muy cerca de ganar en primera vuelta.
En segundo
lugar, es reforzar la idea de que las elecciones se realizan con un Tribunal
Supremo Electoral funcional al gobierno de Morales y que la única forma de que
el acto electoral sea transparente es con la renuncia inmediata de todos los
vocales del TSE y la designación de un “consejo de notables”. Una medida de esa
naturaleza, en el hipotético caso de que se hiciera viable, lo único que
provocaría es la postergación de las elecciones del 20 de octubre, pues ese
“consejo de notables” lo primero que tendría que hacer es revisar y revertir
muchas de las medidas tomadas por el TSE desde octubre pasado, cuando se
convocó a las elecciones primarias que por vez primera se hicieron en Bolivia
el 27 de enero pasado.
Lo que
estamos afirmando es que el bloque de derecha al articular el sentimiento
adverso que hay contra el gobierno por el tema “focos de incendio” –que como se
señala ha sido construido mediáticamente-, con el concepto político de “falta
de libertades y garantías civiles y políticas”, lo que pretende hacer es
colocar a la democracia boliviana bajo fuego. No es exagerado pensar que, si
los “focos de incendio” no disminuyen radicalmente en los próximos quince días,
se de paso al pedido de postergación de las elecciones de parte de organizaciones
de la “sociedad civil” en las que milita la gente de derecha. Es bastante
sugerente que el periódico Pagina Siete –de conocida posición anti
gubernamental-, publicara una nota este sábado 14 de septiembre en la que
señala textualmente:
“Después de
tres meses de lanzarse la convocatoria oficial y a 37 días de las elecciones
generales, por primera vez se toca la posibilidad de suspender los comicios de
una u otra forma. La violencia acontecida en dos regiones del país, producto de
diferencias políticas, es la principal causa de la cual se culpan oficialistas
y opositores”.
Una medida de
esta naturaleza, que postergaría las elecciones por al menos seis meses, sería
de amplia ventaja para el proyecto de derecha: abriría espacio político para
proponer un “gobierno de transición” o colocaría al gobierno en el limbo de la
ilegitimidad, daría tiempo para empujar una sola candidatura de la oposición
que enfrente a Morales luego de fracasar en julio pasado la posibilidad de
producir ese efecto político al provocar la renuncia del candidato
vicepresidencial por la alianza “Bolivia Dijo No”. La combinación de estos
hechos conduciría al gobierno a un mayor desgaste.
El bloque
opositor –conformado por partidos de derecha, comités cívicos conservadores
liderados por el Comité Pro Santa Cruz, algunos medios de comunicación
influyentes, contados dirigentes sindicales, el Colegio Médico y otros gremios
de profesionales, y sectores jerárquicos de la Iglesia-, está colocando “todos
los huevos en la canasta” al apostar por el éxito del paro indefinido convocado
a partir del 10 de octubre, lo que implica instalar una riesgosa “bomba de
tiempo” que, ante cualquier confrontación provocada o espontanea con sectores
sociales que son parte del gobierno, haga explotar en mil pedazos las
elecciones del 20 de octubre.
Y Evo Morales
sabe lo que la oposición tiene entre manos. No por nada ha convocado a los
movimientos sociales y a la población consciente a defender a la democracia de
los intentos “golpistas” de la derecha. “Aprovecho esta oportunidad para
convocar a los presentes, a los oyentes de toda Bolivia, al pueblo boliviano
con sus profesionales, con los movimientos sociales, tenemos que defender la
democracia, las elecciones del 20 de octubre de este año, tenemos que defender
la paz social”, afirmó el líder indígena.
Una reacción
pacífica, movilizadora y firme lejos de perjudicar la perspectiva electoral de
Morales, le va a beneficiar. Un por ciento de gente que se distanció del
Proceso, pero que tampoco quedó atrapado en las redes de la derecha, y que
forma parte de los que se inclinan a votar nulo o blanco, retornará militante
–al ver las nuevas expresiones de racismo y odio- a defender el Proceso de
Cambio porque hay mucho en juego.